16 de abril de 2009
Después de comer ya teníamos fuerzas para ir... ¡que demonios! ¡para construir! un zoo. Claro, uno por cabeza, para que andar con miserias. Como en la lonja de Palamós, los barcos traen sus capturas y los propietarios pujan por ellas. La crisis también golpea a los juegos de mesa y en éste hay muy poquito dinero para gastar. A nadie parecía importarle y del primer barco los animales fueron comprados en cuestión de minutos. Empleé una estrategia conservadora que me llevó a no obtener ningún animal del primer lote y por consiguiente perder la subvención del ministerio del año siguiente. Laura y Mons acaparaban los reconocimientos otorgados por Greenpeace al parque con más zonas verdes. En el segundo y tercer año tuve ventaja en las pujas. Todos habían gastado en la 1ª ronda casi todo el dinero y en la 2ª y 3ª iban escasos, destacando Gabriel que no pudo pujar en repetidas ocasiones. Empecé a remontar la partida y trazando un recorrido atractivo para los visitantes conseguí acabar la partida con una ventaja sustancial.
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