Lo ve todo claro


18 de abril de 2009



Para salir de aquel laberinto solamente nos quedaba pasar por la última estancia y salir a la luz del día. Entramos, al principio de uno en uno y luegos todos en tropel,  a la sala. La oscuridad no permitía avanzar rápidamente pero ¿para qué correr si la estancia estaba totalmente vacía? Acostumbrando la vista a la poca luz de la habitación, nuestros movimientos se iban haciendo más seguros y precisos. Alguien vislumbró la luz que provenía de la salida y todos nos dirigimos hacia el punto señalado pero, como calculado por nuestro peor enemigo, justo en ese momento y por ese mismo lugar al que todos nos dirigíamos eufóricos apareció un terrible engendro con más ganas de repartir que algunos representantes de las fuerzas del orden en las manifestaciones estudiantiles. Todos nuestros movimientos en dirección a la salida se tuvieron que transformar en intentos de no ser vistos por el monstruo. El ansia por escapar de la sala hizo que lucháramos entre nosotros por ser los primeros en salir de allí. Gabriel llegó a usarse como cebo para despistar al monstruo por un pasadizo secreto que hizo que apareciera en el punto donde la mayor parte de nosotros estábamos agazapados cerquita de la salida para escapar. El ojón se llevó por delante a un par de nosotros pero Laura llegó a la salida ganando la partida y aprovechando para encender la luz. La sobrexposición hizo perder el control al monstruo que pisó una mancha de sangre de sus víctimas anteriores y se estampó contra una roca que él mismo había puesto en medio del paso para perjudicarnos.

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