20 de abril de 2009
Forrado de pasta y con poca faena, el maharajá decide pasearse por las diferentes ciudades de sus dominios. Se nos encomienda la tarea de agradar adornando dichas ciudades con hermosos palacios pues él premiará el peloteo y el agasajo. Al principio empleamos la misma estrategia e intentamos llegar siempre un poco antes que el mandamás, dejarlo todo bonito y salir por piernas al próximo destino anunciado, eso sí, en los paneles publicitarios cual campaña electoral. Viendo que se convierte en una guerra sin ganador y muy costosa, decido adelantarme un par de ciudades a la visita del rajá y así no entro en continuo conflicto con Mons. Para acabar de decidir la partida manipulo en la oscuridad el itinerario previsto por el séquito para beneficio propio y ligero mosqueo paralelo de mi rival. Echamos a faltar más follón, o sea, más jugadores.
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