28 de enero de 2008
El viernes por la noche enseñé a Mons a jugar al Alexandros. Tras una breve explicación de las reglas que son más sencillas de lo que parece viendo el papel que ocupan, empezamos a conquistar. Empecé tomando un par de mini-provincias y Mons una más o menos del tamaño de las dos mías juntas. Recaudé una vez sin darme cuenta que ella puntuaba más pues tenía yo dos gobernadores en mi nueva provincia grande. Para continuar con el desastre, gasté cartas en quitarle un territorio que tampoco era tan grande. Alexandros se alejaba (otro error táctico por mi parte) de la zona con provincias delimitadas y Mons consiguió pagar las cartas necesarias para quedarse con una mega-porción del tablero. Ya solo me quedaba ver esperar el fatal desenlace de la partida. Alexandros nunca volvería para dividir la enorme provincia y con un par de turnos recaudando acabó con mis sueños de grandeza.
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