28 de febrero de 2008
Uno de los lectores del blog que además critica y sugiere sobre los contenidos me ha hecho un comentario sobre el tono demasiado soso (por no decir aburrido) de algunas de mis entradas. Realmente no tengo una explicación así que intentaré, a partir de este post, ser un poco más fresco:
Este fin de semana ha venido Gregorio para participar en el torneo de Barcelona de Go. El viernes lo recogí en Sants, fuimos con Mons a comer al Japo y depués le dimos la sorpresa a Víctor yendo los dos a buscarlo a la mainadera. Ya en casa, abrimos algunos juegos que incluí en su pedido del mes pasado a lapcra y empezamos la tarde lúdica. Primero jugamos los 4 al Serpentina con Víctor. Cogió enseguida el funcionamiento aunque se mosqueaba un poco a veces por imponerle ciertas reglas que no le gustaban. ¿Por qué demonios a veces cogíamos serpientes de la mesa y cuando él las cogía no podía hacerlo? ¿Por qué no podía volver a poner en la mesa las cartas que ya había ganado? Lo dejamos haciendo puzzles de serpientes y nos dedicamos al Inka. Empezamos con una lectura de reglas bastante desafortunada por mi parte. La hora de la siesta combinada con un madrugón a las 6 de la mañana y un atracón en el japonés, no hicieron que diera lo mejor de mí. Tenemos un muñequito de madera cada uno que hay que llevar al centro del tablero, esquivando serpientes y agujeros, donde están los tesoros, y una vez conseguidos los 3 que hay para nuestro color, volver a cualquiera de las 4 salidas del templo. Antes de todo eso hay que alicatar el suelo del templo. No quedaba muy claro si había que colocar todo el suelo antes de empezar a jugar o era una opción del jugador en su turno. Al final pareció que debíamos colocarlo todo. Eso fue lo más sencillo. A partir de ese momento, las consultas a las instrucciones en castellano que me pasó Gabriel (¡gracias!) y a una ayuda que imprimimos en inglés fueron la tónica de la partida interpretando algo unas veces y encontrando luego en un ejemplo o en otro punto de las instrucciones algo diferente a lo jugado. Ahí empecé a aprovecharme de todas las cosas que no estaban claras montando movimientos cuanto menos curiosos y teletransportes oportunos. Además sugerí triquiñuelas a Gregorio y Mons y colocaba mi bloqueador lejos del follón para ver si se acababa la partida de una vez. A pesar de todo, intentamos impedir que ganara Mons en su última jugada pero obviamos una simpleza de movimiento que le dio la victoria.
Resumiendo: acabo de darle un 2 en la BGG. No acabo de ver muy claro que vuelva a jugar pero como lo mío es una colección, me alegro de haber pagado solamente 4 euros por él. Prefiero el serpentina. Después Gregorio nos enseño un par de juegos nuevos pero eso será otro post. Por la noche intentamos leer las instrucciones del Catán en cartas pero el día ya no daba para más.
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