
Mientras
Pablo y Gemma jugaban a Go ¡y dale! y Mons y
Esther descansaban, los demás (falta José Ignacio en la foto pero también se apuntó) jugamos un
Saboteur. Los roles ocultos duraban como máximo 2 turnos y la partida se convertía en una fiesta. Los saboteadores a grito pelado animándose unos a otros. Alguno protestaba por esa poca discreción. Me gustó el juego. Es divertido y casi se puede jugar con los roles al descubierto, je, je. Pierdes el tiempo en hacer una jugada de despiste y, además de que lías a tus propios compañeros luego te arrepientes de no tener la carta que usaste en esa jugada.
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